Me gusta esta población, pequeña, calmada, pausada. Parece que aquí la vida va a otro ritmo, a un ritmo que mi cuerpo me esta pidiendo a gritos.
Sentada desde el balcón del hostal veo unas de las montañas que rodean al pueblo. Sus siluetas se dibujan en el horizonte recortadas por un cielo soleado. La gente va y viene dirección al puerto. Las tiendas de souvenirs se confunden con los puestos de comida callejera y señoras cargando fruta. Turistas, gente local. Parece que aquí todo se funde sin restar encanto al lugar. No hay esa masificación a la que ya estoy acostumbrada.
Y por la noche, casi es posible caminar solo, a oscuras.
Hablo de Xingping, una población que se encuentra a tan sólo 40 minutos de Yangshou y a la que mucha gente únicamente dedica un día de visita.
